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La sombra del fraude en las urnas

2 Septiembre 2010

Lo acaba de decir en París Alpha Condé, uno de los dos candidatos a ser presidente de Guinea. “No aceptaré ningún tipo de fraude en la segunda vuelta”. Sus temores son fundados, porque la sombra de un enorme pucherazo sobrevuela sobre el proceso electoral guineano, que culmina el próximo 19 de septiembre con la segunda vuelta de los comicios presidenciales.

“Sabemos que se produjo un fraude gigantesco en la primera vuelta”, añadió el candidato de la Asamblea del Pueblo de Guinea (RPG, según sus siglas en francés), unas horas antes de entrevistarse, este jueves, en Burkina Faso con su principal rival, el candidato de la Unión de Fuerzas Democráticas de Guinea (UFDG), Cellou Dalein Diallo. En dicha entrevista también participará el mediador en la crisis guineana y presidente burkinés, Blaise Compaoré.

Guinea se aproxima, paso a paso, a su momento más decisivo de los últimos años. Después de soportar varias dictaduras y gobiernos de partido único revestidos con una falsa apariencia de democracia, la llegada al poder del general Sékouba Konaté en noviembre de 2009 abrió el camino para las primeras elecciones libres y transparentes de toda su historia.

Los comicios se celebraron el 27 de junio en medio de una gran expectación y con la concurrencia en las urnas de hasta 24 candidatos, dos de los cuales obtuvieron el apoyo suficiente para llegar a la segunda vuelta, prevista para el próximo 19 de septiembre. Los elegidos fueron los citados Cellou Dalein Diallo (43,7% de los votos) y Alpha Condé (18,2%).

Sin embargo, prácticamente todos los candidatos denunciaron la existencia de irregularidades en el proceso, algo que fue asumido por la propia Comisión Electoral (Ceni) y el Tribunal Supremo. Sin embargo, tras una llamada a la calma por parte del general Konaté, presidente en funciones del país, y el apoyo unánime al proceso por parte de la comunidad internacional, los partidos mostraron su responsabilidad y decidieron aceptar los resultados.

Las irregularidades fueron de todo tipo, desde aparición de urnas llenas de papeletas días después de un recuento lento y plagado de problemas, hasta falsificación de carnés electorales, pasando por distritos enteros de la capital donde las mismas personas votaron hasta siete veces. Pese a todo, se decidió dar por buenos los resultados entre evidencias de golpes militares involucionistas y una gran tensión en la calle, protagonizada sobre todo por los seguidores del tercer candidato en liza, Sidya Touré, ex primer ministro, que quedó excluido de la segunda vuelta.

Así las cosas, se fueron estableciendo las alianzas de cara a la resolución final de este proceso. El propio Touré firmó un acuerdo con Cellou Dalein Diallo, al que respondía horas después Alpha Condé llegando a un pacto con Lansana Kouyaté, que quedó cuarto en la primera vuelta. Dos grandes bloques han quedado configurados, aunque, a priori, la alianza Diallo-Touré parece contar con ventaja pues suma el 50% de los votos válidos emitidos en la primera vuelta.

Para echar más leña al fuego, el primer ministro, Jean-Marie Doré, propuso hace unas semanas reformar la Constitución para intentar quitar competencias a la Comisión Electoral Independiente respecto a la organización de los comicios y que el control fuera “compartido” entre la Ceni y el Ministerio de Administración del Territorio, controlado por el Gobierno que el propio Doré dirige. Esto generó una oleada de críticas y el proyecto de decreto no fue aprobado.